Entrevista laboral: sería un caballo
En el pasado, que no siempre fue mejor, la entrevista laboral estaba a cargo de personas idóneas en las tareas que desarrollaría el "candidato"; éstas realizaban una indagación básica y formaban una idea preliminar de las posibilidades del prospecto en referencia a su experiencia y conocimientos. Luego, un encargado de sector, entrevistaba al grupo, ya reducido y elevaba un triunvirato de postulantes al Dueño quién, con su vasta experiencia, en una breve charla informal, seleccionaba al que le parecía mejor.
La evolución empresarial; el profesionalismo; el aumento de la productividad, ect, ect, han hecho crecer fuertemente la participación de los departamentos de RRHH y, su dirección a cargo de profesionales universitarios, han desarrollado procedimientos de incorporación de personal basados en ciencia pura a los efectos de la mejor selección de acuerdo a perfiles según el puesto de búsqueda.
Sin pretender cuestionar dichos procedimientos, en ocasiones me pregunto: qué grado de utilidad, en pos de tratar de conocer al postulante, tienen algunas de las preguntas (muchas veces tendenciosas) que, generalmente fuera de contexto, nos realizan?, por ejemplo:
¿Puede darme algún detalle sobre usted?
¿Se puede definir a usted mismo con tres adjetivos y justificarlos?
¿Si ganara la lotería, seguiría viniendo a trabajar?
¿Qué haría si lo despidieran en dos años?
¿Si fuera un animal, qué animal sería?
Antes de que, los profesionales entrevistadores, llenen mi bandeja de entrada con correos explicativos, reitero que no cuestiono los métodos, sólo utilizo una excusa de presentación: Si fuera un animal, sería un caballo.
Equus Ferus
Soy “Caballo”: corcel
milenario amigo del viento.
Antes: potro
“orejano”, sin la “marca” que refiere a un dueño.
Troté en la
pradera desbocado al sueño
surcando los
llanos de libres silencios;
sin caminos; sin
riendas; sin humanos.
Entonces llegaron..., supe la tortura del látigo “enseñando”;
de la espuela
lacerante que me formó obediente y manso
Arrastré al
arado hiriente, que deja la larga cicatriz
del surco recién
sembrado, cuna del dorado trigo
que mañana será
el pan del hombre que me tiene esclavizado.
No llevo alas,
para qué volar,
no necesito
altura para saber la pequeñez del ser humano.
Soldado de mil
guerras jamás supe distinguir
los buenos, de
los malos; corriendo en ambos bandos
vencí al
relámpago para morir primero
y así “gané”: la
estatua, no la libertad.
Ya cansado de
tirar del carro de los lamentos;
fatigado de
ganarle carreras al deseo;
hastiado de
probar el sabor del hierro;
tullido de la
“cincha”, los cueros y la montura,
perdí los
“estribos” del sometimiento
y me rebelo a la
vida de la cruel ventura.
Aburrido que me
inventen “razas”
y segmenten mi
color de pelo;
del nombre
absurdo y el tirano “amigo”
que me sacrifica
cuando ya no puedo.
Cabalgaré los
sueños en el círculo del tiempo
por llegar de
nuevo al prado del cielo
donde el humano
no llega
y ser libre,
otra vez libre…, ser libre como el viento.
..., jamás les contaré si obtuve el empleo.
Rodolfo H. Alvarez
Ilustración: Pintura al óleo: "el caballo" Adriana D´agostino
Ilustración: Pintura al óleo: "el caballo" Adriana D´agostino
